La neutralidad de carbono es un término que ha ganado cada vez más relevancia en el mundo empresarial y ambiental en las últimas décadas. Se refiere a cómo una empresa, organización o país ha logrado equilibrar sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) con las acciones que reducen o eliminan estas emisiones de la atmósfera, contribuyendo así a frenar el cambio climático.
Una empresa se considera carbono neutral cuando sus emisiones netas de GEI son igualadas por las acciones que reducen o eliminan esas emisiones. Estas acciones pueden incluir la inversión en proyectos de energía renovable, la adopción de prácticas más eficientes en el uso de energía, cambios en los procesos, circularidad, reforestación o incluso, la compra de créditos de carbono, aunque estos, en muchas ocasiones implican greenwashing... El objetivo es reducir las emisiones al máximo y compensar cualquier emisión remanente para lograr un balance neutro en cuanto a carbono.
La conciencia sobre el cambio climático y la necesidad de tomar medidas para reducir las emisiones de GEI, no es algo nuevo, se ha ido desarrollando durante décadas. Sin embargo, el impulso significativo hacia la neutralidad de carbono se aceleró a principios del siglo XXI, entre los primeros esfuerzos están el Protocolo de Kioto, adoptado en 1997, en donde el objetivo más importante era establecer compromisos de reducción de emisiones para los países industrializados y luego, el Acuerdo de París en 2015 que marcó un objetivo adicional aún más relevante, el compromiso de mantener el aumento de la temperatura global por debajo de los 2 grados Celsius.
Aunque al principio escépticos, poco a poco la sociedad mundial fue tomando conciencia del cambio climático y con ello, la presión de la sociedad civil fue en aumento; la opinión pública y la comunidad científica ha ejercido una influencia importante en la adopción de compromisos de neutralidad de carbono. Organizaciones no gubernamentales, como Greenpeace y WWF, así como científicos y expertos en clima y también celebridades de renombre, han desempeñado un papel fundamental en la concientización sobre los riesgos del cambio climático.
Sin embargo, las empresas también han sido impulsoras clave de este esfuerzo. Muchas han adoptado objetivos de neutralidad de carbono como parte de sus estrategias de responsabilidad social corporativa y han tomado medidas concretas para alcanzarlos. Por otro lado, las empresas ESG, ejercen su compromiso por ser carbono neutral directamente en su criterio ambiental. Además, los inversores y accionistas valoran cada vez más las prácticas sostenibles, lo que ha llevado a un mayor interés en la neutralidad de carbono como un objetivo empresarial.