En una sociedad cada vez más consciente de la responsabilidad social empresarial, es común ver cómo las organizaciones buscan destacar y ser reconocidas por su compromiso con la sociedad y el medio ambiente. Sin embargo, existe un fenómeno preocupante y recurrente desde tiempo atrás: la compra de distintivos que acreditan a una empresa como "Socialmente Responsable" que, en realidad, carecen de respaldo internacional y no generan un impacto real en el extranjero.
Analicemos algunas de las razones por las cuales no se debe caer en la tentación de adquirir este tipo de reconocimientos y señalaremos el riesgo de confiar en certificaciones y distintivos que no respaldan un auténtico trabajo social.
Los distintivos de RSE se han convertido en una moda empresarial, donde muchas organizaciones buscan lucir un logotipo que aparente o muestre su compromiso con la responsabilidad social. Sin embargo, es crucial comprender que este reconocimiento no está respaldado por estándares internacionales ni por organismos reconocidos en la materia. Es simplemente un distintivo otorgado por una entidad local que puede ser adquirido mediante una cuota monetaria, sin una evaluación rigurosa y objetiva del verdadero impacto social de la empresa. Esta reflexión no es contra la ahora ya industria que lo otorga -cada uno busca su nicho de negocio-; lo que se intenta es que las corporaciones realmente se preocupen por desempeñar un trabajo realmente responsable y no solo por enseñar un distintivo cuyo único reconocimiento está en las empresas mexicanas que lo adquieren.
Uno de los problemas más evidentes de los distintivos de RSE es su falta de reconocimiento y validez a nivel internacional. Mientras que existen certificaciones y reconocimientos avalados en todo el mundo, como los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU o los Principios del Pacto Global, los ISO, y el ahora creciente Sistema B, los distintivos pagados de RSE no gozan de la misma credibilidad. Al adquirir este reconocimiento, las empresas están comunicando y promoviendo a sus clientes y público en general de algo de lo que carecen, dándoles la falsa impresión de que están cumpliendo con estándares internacionales cuando, en realidad, solo están comprando una etiqueta superficial.
Comprar reconocimientos sin respaldo y sin un impacto real socava los esfuerzos genuinos de las empresas que sí se dedican a la responsabilidad social. Es fundamental recordar que la verdadera responsabilidad social empresarial va más allá de un logotipo o un certificado. Implica un compromiso genuino con la sostenibilidad: el cuidado del medio ambiente, buena gobernanza, el respeto a los derechos humanos, la equidad, inclusión, derrama económica en las zonas de influencia, cadena de suministro, etc. Se trata de implementar prácticas y políticas que generen un impacto positivo en la sociedad, en el entorno en el que operan y dentro de la misma corporación.
La compra de reconocimientos también crea un entorno de desinformación, donde las empresas y los consumidores no pueden distinguir entre las organizaciones auténticamente responsables y aquellas que solo buscan obtener reconocimiento superficial. Esto puede llevar a una pérdida de confianza y a una falta de credibilidad en las acciones y compromisos sociales de las empresas. Aunado a lo anterior, es lamentable que las empresas que realmente cumplen como empresas socialmente responsables, sean colocadas a veces hasta por debajo de aquellas que compraron su distintivo. Esta acción es además injusta para quienes hacen bien su trabajo y llevan el timón de su empresa dentro de las mejores prácticas.
Lo anterior no es algo que sólo exprese yo en este escrito, es una realidad; tan es así que la misma organización promotora de este distintivo, está optando por modificarlo en un intento de apegarse a lo que se está haciendo internacionalmente en el ámbito de responsabilidad social. El instinto de supervivencia empuja hacia una evolución, pero esta debe de ser respaldada por conocimiento pleno y experiencia profesional en área, de otra forma solo se copia lo que alguien más ejecuta de manera correcta.
Las nuevas modificaciones que me mostraron de forma presencial queriendo comunicar los cambios y mejoras que están haciendo, me parecieron una copia bastante fiel del índice que manejan los estándares Global Reporting Initiative (GRI por sus siglas en inglés), estándar que busca un cambio y una autenticidad para las empresas que reportan su actividad como empresa sostenible, aunado a que, estos estándares no tienen costo alguno.
Hasta hace muy poco, a los promotores que trabajan con las empresas en su proceso para la obtención de distintivos que las acrediten como socialmente responsables, no contaban con estudios que respaldaran su labor; bastaba con cubrir un entrenamiento (con costo para ellos) para poder ser promotor. Ahora, como parte de los cambios que están haciendo, ya se les solicita a quienes quieren ser promotores, que al menos tengan una licenciatura. Si bien esta acción es mejor que la anterior, me parece que debemos seguir empujando hacia la plena profesionalización de quienes se dedican a la responsabilidad social.
Además, es importante mencionar que, actualmente quien emite el distintivo más popular, a la vez controla en gran medida el programa académico de la licenciatura en Responsabilidad Social Corporativa en México, en donde el Claustro Docente es parte de la plantilla laboral de la organización. Esto también me parece incorrecto. El Claustro Docente de cualquier entidad educativa debe de tener, por fuerza, un aval académico fuera del mismo centro de estudios; recordemos que solo la diversidad, la universalidad y experiencia es lo que hace a un buen profesor y brinda certeza y confiabilidad al centro de estudios.
En un mundo donde la Responsabilidad Social Empresarial es cada vez más importante y de hecho está migrando a todo un sistema de sostenibilidad, es esencial evitar caer en la trampa de comprar distintivos. Estos reconocimientos, además de lo antes mencionado, no representan un verdadero compromiso con la responsabilidad social. En lugar de buscar distintivos superficiales, las empresas deben enfocarse en implementar prácticas sólidas que generen un impacto real en la sociedad y el medio ambiente. Solo así podremos construir un mundo verdaderamente sostenible y equitativo.